¿POR QUÉ EMPIEZAN A MENTIR LOS NIÑOS?

Todos los padres advierten en algún momento de su vida como educadores, que sus hijos/as comienzan a utilizar de modo continuo la mentira,  creando una sensación de decepción y frustración en ellos, ahora os mostramos algunas de las causas y como se sienten dichos padres ante el conocimiento de la mentira.

POR QUE MIENTEN LOS NIÑOS. PSICOSALUD BENIDORM

  1. La sensación de haber traicionado la verdad instalada en el vínculo puede conducir al ocultamiento de que se trata del hijo y no de amistades, socios, familiares, parejas, vecinos, compañeros de trabajo, de la vida escolar, etc. En tanto que se le cobra, al hijo, cuando miente, deudas de otras experiencias, las respuestas no corresponden a la edad y desconfiguran la imagen que de él se ha construido.
  2. Constituirse en agencia de investigación acerca del origen de la mentira; no obstante que el hijo acepte que mintió, padres y madres se empeñan en conocer el trasfondo del acto falso. Su motivación indagadora los puede dirigir a establecer conexiones, vislumbrar escenarios y formular hipótesis de forma que se concentren más en la raíz lógica de la mentira y no en el trastocamiento de la relación ni en el impacto sobre el desarrollo del hijo.
  3. Conformar un tribunal que transita de la averiguación previa al procesamiento de la presunta responsabilidad. Generalmente no existen muchas posibilidades de diferenciar el acto de mentir  del daño estructural o secundario. La actitud enjuiciadora predomina ante cualquier otro factor.
  4. Acudir con un especialista para que apoye en la enmienda moral del sujeto mentiroso, con la visión de que el mentir no tiene relación alguna con el resto de la familia, lo que difícilmente se mantendrá en la medida de las exploraciones.

 

Las mentiras son temas cruciales de la vida familiar. Imagínese lo complicado y penoso que sería si nunca pudiéramos confiar en lo que la gente nos dice. Resultaría imposible si tuviéramos que comprobar y verificar todo lo que nos cuentan. (Ekman, 1998: 18)

 

PORQUE MIENTEN LOS NIÑOS. PSICOSALUD BENIDORM

Motivos para mentir en la infancia

Dado que hay múltiples maneras de mentir, también son numerosas las razones. Además de no ser común que se analice la mentira que a menudo aparece en forma sorpresiva, lo que provoca que las reacciones se conduzcan en el carril de la conducta emocional, reservando a la racionalidad un papel nada protagónico; se tiene la costumbre de mezclar situaciones revolviendo los conceptos, como es el caso de esconder y mentir o dañar y ocultar, lo cual más allá de su claridad tiende a ocupar el sitio del motivo de mentir. Cada acción mentirosa tiene su propia especificidad como fuente; sin embargo, sí hay cierta recurrencia en los menores cuando se lleva a cabo, como se muestra en la siguiente lista que detona la mentira:

 

 

  1. Evitar ser castigado.
  2. Obtener algo que no se podría conseguir de otra manera.
  3. Proteger a los amigos de problemas.
  4. Protegerse a uno mismo o a otra persona de algún daño.
  5. Ganarse la admiración o el interés de otro.
  6. Evitar crear una situación social embarazosa.
  7. Evitar la vergüenza.
  8. Mantener la intimidad.
  9. Demostrar el propio poder sobre una autoridad. (Ekman, op. Cit. 50)

Empero, el brote de una mentira no es un fenómeno desconectado de entornos, atmósferas afectivas y esquemas de relaciones humanas, pese que al tener conocimiento de la mentira “el sujeto mentiroso” es desconocido en la representación moral de quienes lo miran.

 

En este sentido, la observación de la mentira tiene que constituir un ejercicio intelectual que demanda sobre todo la preservación del control de las emociones, aunque regularmente sea abrupta la aparición del hecho falseado. Los estudios orientados a la comprensión de la mentira infantil apuntan  hacia tres aspectos: inteligencia, inadaptación y personalidad. Al establecer nexos entre la frecuencia a mentir y la inteligencia, surge el dato en que los menores que cuentan con coeficientes intelectuales más altos en promedio, mienten menos que aquellos cuyos coeficientes son inferiores, lo cual genera todo tipo de análisis, en los que se concluye que la dotación alta de inteligencia favorece el cumplimiento del orden, haciendo innecesaria la alteración de la “verdad” en un mundo que les resulta sencillo y que le recompensa su apego a las normas. La inadaptación es un aspecto notable, ya que el mentir comúnmente refleja estados de inconformidad con el medio. La personalidad relacionada con la mentira representa la convergencia de diferentes factores condensados en tres grupos: físicos, culturales y psicológicos. El mentir se puede diferenciar como un acto esporádico o estructural. La personalidad se asume en una elaboración de imágenes en donde socialmente se espera un modelo concreto de existencia, misma que se convierte en la actuación al gusto de los demás, generando un terreno fértil para la mentira.

¿Por qué mienten los niños?

Juan Pedro Valencia, psicólogo infantil, nos explica los motivos de las mentiras desde temprana edad:

Menos de 3 años: Por debajo de esta edad los niños no mienten aunque digan cosas que no son verdad, pues para ellos sí lo son y con eso les basta.

Entre 3 y 5 años: La mentira no se produce de forma consciente, sino como elemento constituyente de sus juegos e historias fantasiosas. La mentira es un elemento más del juego y no hay que darle demasiada importancia, salvo que se extienda a su comportamiento habitual o se convierta en la forma por excelencia de obtener lo que quieren.

También les sirve para aprender que no siempre los adultos saben todas las cosas -lo cual es positivo y permite adquirir una mayor tolerancia a la frustración-; que puede ser una forma útil de llamar la atención en algunos casos, o que les permite evitar consecuencias negativas, como por ejemplo, un castigo.

A veces, mienten simplemente porque imitan lo que ven, es decir, absorben nuestras formas de actuar, de comportarnos y también, por qué no decirlo, de mentir. Asimismo, si nuestro nivel de exigencia es demasiado elevado, puede influir de tal forma que al no poder cumplirlo mientan para evitar defraudarnos y eliminar la tensión que les supone asumir esa responsabilidad desproporcionada: la mentira puede convertirse en una válvula de escape que enmascare una ansiedad demasiado elevada.

A partir de 5 años: A esta edad comienzan a mentir de forma consciente, cuando ya suelen distinguir la diferencia entre lo que es cierto y lo que no lo es, aunque aún no tienen claro que mentir sea algo incorrecto. Las mentiras pueden producirse tanto por inseguridad y falta de autoestima -que intentan ocultar mediante la mentira- o bien para probar y ver las reacciones de los adultos y comprobar hasta dónde pueden llegar. En algunos casos, se trata de una forma de obtener afecto (que puede significar la existencia de problemas emocionales no resueltos) y que en la adolescencia puede convertirse en una forma de obtener más intimidad o de ocultar otros problemas más graves.

La mentira puede ser un síntoma que nos indique la personalidad de nuestro hijo:

• El niño tímido que se evade al sentirse desamparado.

• El niño agresivo y colérico que no encuentra la reacción adecuada.

• El niño temeroso que trata de huir del peligro.

• El niño vengativo que busca desquitarse.

La totalidad de la vida social es una actuación en la que todos interpretamos los papeles que se esperan de nosotros

Erving Goffman

¿Cómo saber si miente?
A menudo es muy difícil para los papás saber si los niños están diciendo la verdad o no. Cuando dicen la verdad, generalmente están relajados y sus expresiones faciales lo demuestran. Cuando mienten, sus expresiones faciales pueden demostrar esta ansiedad. Los padres deben escuchar cuidadosamente lo que sus hijos les dicen. ¿Existen contradicciones en lo que dicen? ¿Tienen sentido sus palabras? ¿Es creíble lo que dicen? Si los niños dicen la verdad, usualmente sus palabras no suenan ensayadas, si lo que dicen suena ensayado, los padres pueden hacer preguntas para ver cómo reaccionan al contestarlas.

El punto relevante, por consecuencia, no es la mentira en sí misma y aislada de la dinámica social, pues estar con otros prescinde de condicionarse al empleo absoluto de la verdad; sino al cumplimiento de normas que regulan la coexistencia.

Jean Piaget (1896-1980), en sus afanes por comprender cómo se construye el conocimiento en los seres humanos avizoró que el desarrollo de la inteligencia adopta rutas hermanadas con el desarrollo moral, siendo así que los pequeños esbozan trazos rudimentarios de la modificación de la realidad a la par que son capaces de intercambiar mensajes precisos con su entorno, que es a su vez un grado de complejidad cognitiva; no obstante, el cumplimiento conceptual de la mentira es posible, si y sólo si, el sujeto tiene la certeza de estar trasgrediendo una disposición, por lo que no debe perderse de vista que al mentir se elige un sendero alterno al convenido, lo que coloca al sujeto que miente en un sitio de certeza para él, con  una ración elemental para intuir los alcances de sus actos. En esta perspectiva, sí hay un incremento en el uso de la mentira en los niños cuando se van haciendo mayores, sin reserva del manejo que pueda hacer de sus emociones, mismas que tienen participación en formato de culpa, miedo y alegría.

Los rasgos a manera de habilidades para mentir en un niño requieren de lo siguiente: empatía; uso del lenguaje adecuado; control emocional; velocidad de pensamiento y lenguaje y capacidad de planeación. Revelándose que si bien la mentira frecuente tiende a provenir de coeficientes no siempre altos, sí es necesario un conjunto de capacidades que de manera articulada llevan la mentira a la tierra del éxito. El mentiroso común basa su continuidad en el logro, sus mentiras son mayoritariamente bienaventuradas.

La mentira exitosa en el niño le llega a conceder un margen de fuerza, poder y autonomía (Ekman, op. Cit. 122).

 

Lawrence Kohlberg (1927- 1987), discípulo de Piaget continuó las exploraciones sobre el desarrollo moral y sistematizando un proceso cronológico:

Etapas Edad Qué es lo correcto Razones para ser bueno
0 4 Conseguir lo que quiero.
Lo que yo quiero es lo justo.
Conseguir recompensas y evitar castigos.
1 5-6 Hacer lo que te dicen.
Lo que te dicen los adultos.
No meterse en problemas.
2 6-8 Hacer a los demás exactamente lo que ellos te hacen a ti. Qué obtengo yo de ello.
3 8-12 Vivir de acuerdo con las expectativas de los demás. Para que los demás piensen bien de mí y puedo yo pensar bien de mí mismo
4 12 + Cumplir con las obligaciones de la sociedad. Mantener unida la sociedad; ser un buen ciudadano.

 

Por supuesto que tal propuesta es susceptible de cuestionamientos, lo que no deja de ser una aportación para considerar que la falsedad o veracidad tienen que ver con el avance cognitivo y moral de los menores. Además de recordar a madres y padres que las ópticas son a menudo muy diferentes y que ello implica asignación de valores igualmente diversos.

Como se mencionó al principio, las reacciones ante la mentira no son únicas, se sujetan a particularidades y contextos que se conjugan con significados preexistentes. Ante esto no está de más presentar una breve tipología de las mentiras en los niños:

  • Mentiras piadosas
  • Mentiras sociales
  • Mentiras relacionadas con la autoridad
  • Mentiras a los progenitores / tutores
  • Mentiras a los profesores

Desde luego que no se desprenden de un carácter coloquial y quizá no es lo relevante, sino la actitud que se asuma cuando se encuentre ante alguna de ellas, máxime si se sabe que es imposible evitar las mentiras en los hijos. Que lejos de su cancelación definitiva se pueden generar circunstancias favorables como es la facilitación del diálogo, reglas con margen de flexibilidad y el aprecio mutuo. De igual manera, el manejo emocional en el adulto, cuidar la radicalización de las medidas; no se debe descartar el componente de negociación, aún en la experiencia de la mentira.

Cierto es que no debe privar la desconfianza en las relaciones humanas, aunque no es excesivo reorganizar las observaciones hacia los hijos, especialmente en puntos como: su entorno de amigos, el empleo del tiempo libre, sus experiencias de goce, el papel de los medios electrónicos en él, comportamiento y desempeño escolar, sus nociones de familia, emociones representativas, actitud ante las normas y sobre todo considerar que el abandono de la mentira se vincula con el temor a la desaprobación, necesitándose con enormidad la cautela y no injuriar.

Todos los niños mienten en algún momento. En los menores de cinco años, el mundo mágico de los sueños, deseos y fantasías, no siempre se diferencia de la realidad.

  

Pero cuando la mentira se convierte en algo crónico pasada esta edad, revela un problema más profundo de inseguridad o falta de autoestima que conviene averiguar y tratar. Si no quieres que tu hijo mienta a todas horas, evita hacerlo tú delante de él.

Todos mentimos en algún momento: por conveniencia, vergüenza, interés, respeto o necesidad. Por piedad, desesperación, defensa o simplemente por gusto. Las mentiras crecen con nosotros y evolucionan junto con nuestra personalidad. Pero si la mentira es persistente y trastorna nuestra vida y la de los que nos rodean, se convierte en algo patológico y peligroso.

Los padres desean que sus hijos no les mientan nunca, que confíen en ellos y les digan siempre la verdad. Para lograr esto, hay que inculcar ciertos hábitos de conducta y darles ejemplo desde pequeños. Mentir es una parte natural del desarrollo mental del niño y ciertas mentiras son positivas, pero si tu hijo es muy pequeño, es peligroso que se dé cuenta de que alterando la realidad obtiene un beneficio, porque así aprende a decir mentiras para evitar sus responsabilidades, y de adolescente engañará para probar sus propios límites y salirse con la suya.

¿Qué hacer cuando mi hijo miente?

Lo primero es intentar averiguar el porqué de ese comportamiento para así poder corregir lo que de nuestra parte pueda estar influyendo en el mismo y, en caso de que sea exagerado, poder recurrir a un profesional que pueda analizar el problema y orientarnos en la mejor forma de solucionarlo.

No obstante, Juan Pedro Valencia nos da una serie de pautas que podemos emplear para evitar en lo posible las mentiras de nuestros hijos:

– Dar ejemplo: Es difícil pedirle que no mienta si nosotros lo hacemos de forma habitual. Frases tan comunes como decir “Si me llaman por teléfono, di que no estoy”, pueden confundir al niño si luego le recriminamos por decir él algo parecido.

DAR EJEMPLO NO MINTIENDO PSICOSALUD BENIDORM

– Crear un clima de confianza que le sirva para tener la seguridad de que puede contarnos todo con tranquilidad y sin miedo.

Explicarle claramente la diferencia entre la verdad y la mentira. Esto es especialmente importante en edades tempranas, donde, además, ajustaremos la explicación a su edad.

Felicitarle cuando nos diga la verdad, especialmente si la misma conlleva riesgo de ser castigado. Por supuesto, si ha actuado mal y nos lo confiesa sin mentir no significa que no le debamos castigar, sino que separaremos claramente lo que es un comportamiento inadecuado por su parte de lo que el niño significa para nosotros: le queremos por sí mismo, no por sus actos.

– No reaccionar de forma desproporcionada cuando mienta, siendo preferible reprenderle o comentar lo ocurrido en privado que hacerlo en público.

– Explicar claramente lo que esperamos en cuanto a cumplir normas y los beneficios que conlleva. Ello le permitirá entender bien la relación entre conducta y consecuencias.

– Fomentar oportunidades para que actúe de forma sincera. Nosotros confiamos en ellos pero deben ser honestos con nosotros.

Guardar proporcionalidad entre la conducta y sus consecuencias. Tan inadecuado es castigar excesivamente una conducta errónea como premiar sobremanera una positiva.

– La mentira no siempre hay que castigarla; a veces es más positivo saber sus razones para mentir, de tal forma que podamos actuar para que comprenda lo valioso de la sinceridad. Aumentará nuestra confianza y al mismo tiempo su libertad y autonomía.

– Liberarse de actitudes neuróticas. Muchas veces reaccionamos con ansiedad ante la simple posibilidad de la mentira: “¿Habrá dicho o no la verdad?” Y cuando la mentira es descubierta, entonces se acosa al niño, se multiplican las preguntas y los interrogatorios, y, haciendo gala de una gran desconfianza, ya no se le cree, aunque diga la verdad.

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