¿QUE ES LA DEPRESIÓN?

La depresión   es una de las enfermedades que más nos preocupan, por eso intentamos tratarlo desde todos los ángulos.

¿Depresión o tristeza?

En muchas ocasiones se confunden con otras enfermedades y, a pesar de que podría parecer que está íntimamente ligadas, la realidad es que el hecho de que una persona sienta un profunda tristeza no implica que por ello esté sufriendo una depresión. De la misma manera, se ha tendido a utilizar con facilidad el término “estoy deprimido” cuando se hace referencia a estar de “bajón”, a un día en el que no apetece hacer nada o en el que la apatía y la tristeza pueden con uno.

Por lo tanto, podríamos definir la depresión como un trastorno anímico, que se manifiesta como un proceso de abatimiento e infelicidad que puede ser transitorio o permanente. Muchas personas hablan de depresión, incluso muchos creen tenerla, lo que se ve incrementado por el hecho de que hoy en día se sobrediagnostica la depresión, o se diagnostica mal, llegando a tratarla en personas que sólo están tristes o atraviesan un momento delicado en su vida.

La depresión suele afectar a mucha gente a lo largo de su vida. Hay ciertos momentos en que podemos ser más vulnerables a ella, como el proceso de duelo por la pérdida de un ser querido o problemas económicos o laborales, la ruptura de una pareja, etc.

Si bien algún pequeño sentimiento depresivo es normal en alguna parte de nuestra vida, una depresión mayor es una condición seria que debe ser tratada porque afecta a todos los ámbitos de la vida de la persona, tanto su vida social, como laboral y personal.

Generalmente, la persona depresiva tiende a buscar ayuda por la insistencia de algún familiar que le hace percibir su realidad. Normalmente, la primera persona a la que se acude es al médico de familia, tenemos que tener en cuenta que cada vez están más especializados en este tipo de enfermedad aunque a veces pueden dar pastillas directamente en lugar de derivar a una atención psicológica, pero cada vez se tiene más en cuenta la psicología como un medio para volver a encontrar la luz.

Síntomas de la depresión

Según el DSM-IV hay diferentes tipos de depresión dependiendo de los síntomas y la duración de estos en el tiempo: Depresión mayor- episodio único, depresión mayor recidivante, trastorno distímico y trastorno depresivo no especificado. De ahí que sea tan importante un buen diagnóstico, no sólo para diferenciar entre tristeza y depresión sino también para poder diseñar el tratamiento adecuado para el paciente.

Antes de explicaros los síntomas de la depresión tenemos que tener en cuenta que hay determinados criterios que se deben de cumplir para poder diagnosticarla, en este caso nos vamos a centrar en la depresión mayor.

En primer lugar, para diagnosticar depresión se necesita que se den cinco o más de los siguientes síntomas durante un periodo de 2 semanas y que deben de reflejarse en la actividad de la persona. En concreto, uno de los síntomas debe ser 1 estado de ánimo depresivo o 2 pérdida de interés o de la capacidad para el placer.

  1. Estado de ánimo depresivo la mayor parte del día, casi cada día según lo indica el propio sujeto (p. ej., se siente triste o vacío) o la observación realizada por otros (p. ej., llanto). En los niños y adolescentes el estado de ánimo puede ser irritable.
  2. Disminución acusada del interés o de la capacidad para el placer en todas o casi todas las actividades, la mayor parte del día, casi cada día (según refiere el propio sujeto u observan los demás)
  3. Pérdida importante de peso sin hacer régimen o aumento de peso (p. ej., un cambio de más del 5 % del peso corporal en 1 mes), o pérdida o aumento del apetito casi cada día. Nota: En niños hay que valorar el fracaso en lograr los aumentos de peso esperables
  4. Insomnio o hipersomnia casi cada día
  5. Agitación o enlentecimiento psicomotores casi cada día (observable por los demás, no meras sensaciones de inquietud o de estar enlentecido)
  6. Fatiga o pérdida de energía casi cada día
  7. Sentimientos de inutilidad o de culpa excesivos o inapropiados (que pueden ser delirantes) casi cada día (no los simples autorreproches o culpabilidad por el hecho de estar enfermo)
  8. Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse, o indecisión, casi cada día (ya sea una atribución subjetiva o una observación ajena)
  9. Pensamientos recurrentes de muerte (no sólo temor a la muerte), ideación suicida recurrente sin un plan específico o una tentativa de suicidio o un plan específico para suicidarse.

Muchos de los pacientes que sufren o han sufrido depresión lo definen en palabras coloquiales como un momento en el que han perdido la luz de sus vidas, están sumidos en una oscuridad que parece que nunca va a alcanzar el fin, es como si la vida les costara, como si respirar fuera demasiado trabajo para sí mismos e incluso, en los momentos más difíciles es como si estuvieran “muertos en vida” pues están vivos pero sin la capacidad de sentir otra cosa que no sea dolor.

El sentimiento de soledad y vacío en estos casos suele ser desbordante, lo que no implica que realmente estén solos, simplemente no pueden percibir ni sentir la calidez de las personas que se encuentran a su alrededor, porque no hay nada que les calme (en los momentos más graves).

Se pierde la capacidad de sentir, del placer, las ganas de vivir pero a todos los que estéis pasando por este momento, permitidme que os diga que todos los días sale el sol por lo que, a pesar de que la oscuridad de la depresión y la tristeza agónica no os permita ver su luz, todo dolor es temporal y podréis salir de ella.

Causas de la depresión

Las causas aún no están muy claras, ni siquiera para los especialistas, pero sí hay varios factores que pueden incidir en la prevalencia de esta enfermedad.

  • Factores hereditarios: estudios realizados con familiares de personas tendentes a la depresión, muestra que dentro de una misma familia, se incrementan las posibilidades de padecerla.
  • Factores fisiológicos: la depresión se debe a ciertas alteraciones del sistema nervioso relacionadas con una deficiencia en la actuación de los neurotransmisores. Por eso, los medicamentos utilizados para tratarla, suelen ser estimuladores del sistema nervioso.
  • Factores sociales: una mala calidad de las relaciones con nuestros semejantes, puede crear un sentimiento de soledad que se convierta en depresión
  • Factores físicos: la prevalencia de depresión aumenta en aquellos países que reciben poca irradiación sola

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SÍNDROME DE PETER PAN

A pesar de que el Síndrome de Peter Pan es un término muy utilizado entre la población, el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM) no lo incluye en ninguna de sus revisiones. Esto supone que no es considerado como un trastorno psicológico ni una enfermedad mental por gran parte de los profesionales de la salud, pero sí se podríamos considerarlo como un concepto que agrupa unos rasgos comunes en muchos hombres de una determinada edad.

Características del Síndrome de Peter Pan

Cuando hablamos del Síndrome de Peter Pan hacemos referencia a ese sentimiento de no querer crecer y, suele estar mayormente vinculado al género masculino con personalidad narcisis. Podríamos decir que se ha producido una fijación en la evolución de la personalidad del sujeto.

Éste síndrome se caracteriza, mayoritariamente, por una falta de madurez tanto en los aspectos emocionales como en los sociales, en algunos casos puede darse incluso en el aspecto laboral.

Los rasgos que se le atribuyen son muy variables: irresponsabilidad, dependencia, cólera, manipulación, rebeldía, egoísmo, inmadurez, etc.

¿Por qué?

Algunos de los profesionales de la psicología que han hablado sobre este tipo de síndrome lo relaciona con una infancia extremadamente feliz y con el miedo al fracaso a no adaptarse a una nueva etapa, la adultez.

Todos los rasgos que definen a este tipo de persona no es nada más que una coraza que lo protege de su propia inseguridad, el miedo al cambio es tan atormentador que prefiere quedarse relegado a lo conocido, a esa sensación de cambiar y no madurar por temor a no ser aceptado por las personas a las que quiere o que le importan.


Suelen mostrarse como personas muy cerradas que saltan de relación en relación para evitar la verdadera intimidad, el momento en el que uno se muestra a otra persona interiormente perdiendo las barreras que lo protegen de un posible rechazo o desencantamiento.

Sí todos estos síntomas afectan a tu relación de pareja, no dudes en consultarnos.

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¿QUE ES LA PSICOLOGÍA SOCIAL?

La psicología social es la ciencia del conflicto  entre el individuo y la sociedad, sostiene Moscovisi. En cuanto, a su objeto dice que no existe unanimidad en este punto, pero formula como objeto central, exclusivo de la psico-sociología todos los fenómenos relacionados con la ideología y la comunicación, ordenados según su génesis, su estructura y su función. Los primeros consisten en sistemas de representaciones y de actitudes; a ellos se refieren todos los fenómenos familiares de prejuicios sociales o raciales, de estereotipos, de creencias, etc. Expresan una representación social que individuos y grupos se forman para actuar y comunicar. Son estas representaciones las que dan forman a esta realidad mitad física y mitad imaginaria que es la realidad social. Por lo que hace a los fenómenos de comunicación social, estos designan los intercambios de lenguajes lingüísticos entre individuos y grupos.

Se trata de medios empleados para transmitir una información determinada e influir sobre los demás. Sostiene además que la psicología social es la ciencia de los fenómenos de la comunicacion y de los fenómenos de la ideología. Agrega que ningún límite preciso separa a la psicología social de otros campos de la psicología, al igual que en otras divisiones de la psicología comparten un mismo interés por las interacciones humanas y los grupos humanos. Concluye que la psicología social no se distingue tanto por su territorio como por el enfoque que le es propio.

PSICOLOGÍA SOCIAL. PSICOSALUD BENIDORM

Esta psicología utiliza una lectura binaria que corresponde a la separación del sujeto y del objeto. Entiendo al sujeto no como un individuo sino como una colectividad y al objeto como poseedor de un valor social, representando un interés o una institución. En todos los casos nos encontraríamos ante un sujeto y un objeto diferenciado según criterios económicos o políticos, éticos o históricos. Además se desea saber como la acción de cada individuo, provista de sus propios intereses y metas se transforma en una acción colectiva.

También existe una visión psicosocial que traduce por una lectura ternaria de los hechos y relaciones, su particularidad consiste en sustituir la relación a dos términos (sujeto y objeto), por una relación en clave de tres términos, sujeto individual – sujeto social – objeto, (Ego – Alter – objeto). Esta relación de sujeto a sujeto en su relación con el objeto puede concebirse de manera estática (co-presencia) o dinámica (interacción), que se traduce en modificaciones que afectan el pensamiento y el comportamiento de cada individuo.

A este respecto se puede distinguir dos mecanismos la facilitación social por una parte y la influencia social por la otra. La primera consiste en que la simple presencia de un individuo o grupo haga que un individuo prefiera o aprenda con mayor facilidad las respuestas familiares y las menos originales, mientras que la segunda consiste en que un individuo sometido a lapresión de una autoridad o de un grupo adopte las opiniones y las conductas de dicha autoridad o grupo. Esto lleva a definir con mayor precisión la manera en que se puede considerar el Alter (individuo o grupo), para analizar las relaciones con la realidad, con el objeto social o no social, real o simbólico. Nos encontramos ya sea ante otro similar, un Alter- Ego o ya sea ante otro diferente, un Alter sin más.

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Dependiendo de que se trate del primero o del segundo consideramos fenómenos distintos. Los dos mecanismos psicosociales fundamentales, el de comparación social y el de reconocimiento social, corresponden a dos maneras de percibir al otro en el campo social. El autor destaca dos obstáculos epistemológicos: el primero consiste en la opinión bastante difundida según la cual hay que agregar un suplemento espiritual a los fenómenos sociales. Esto significa que se debe explorar el aspecto subjetivo de los acontecimientos de la realidad objetiva. Por realidad objetiva debemos comprender la realidad económica y social, entonces volvemos a la psicología social y se le pide que comprenda lo que la gente piensa y siente. El segundo obstáculo guarda una simetría perfecta con el primero. Es sabido que la psicología estudia una suma impresionante de fenómenos: la percepción, el razonamiento, la ansiedad, el desarrollo infantil, etc, pero los estudia en el individuo aislado, como si fuese autista. También señala Moscovisi, que el individuo por estar aislado no deja de pertenecer a un grupo, a una clase social, y sus reacciones son influenciadas por esta pertenencia; la sociedad está ahí.

La psicología social analiza y explica los fenómenos que son simultáneamente psicológicos y sociales. Este es el caso de las comunicaciones de masas, del lenguaje, de las influencias que ejercemos los uno sobre los otros de las imágenes y signos en general, de las representaciones sociales que compartimos y así sucesivamente.

El autor señala tres tipos de teorías que conviene distinguir:

  1. Las teorías paradigmáticas, cuyo papel esencial consiste en proponer una visión global de las relaciones y comportamientos humanos.
  2. Las teorías fenomenológicas generalmente intentan describir y explicar una familia de fenómenos conocidos y muy conocidos; cada teoría responde a dos preguntas: ¿Cómo? y ¿Por qué?. Y al hacerlo todas ellas abrigan la ambición de revelar la causa de un cierto número de efectos.
  3. Las teorías operatorias, tratan de llegar a un mecanismo elemental, desconocido hasta entonces y que explica un conjunto de hechos. También preven hechos nuevos y sorprendentes.

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Los tres tipos de teorías coexisten dentro de la psicología social.

Según Moscovisi existen dos métodos de verificación de las teorías y de observación de las realidades: el método de observación sistemática y el método experimental. El método de observación consiste en una investigación llevada a cabo sobre el terreno, es el mejor método para comprender la vida del individuo y del grupo simultáneamente en varios campos (religioso, político, cultural, etc.), y sus conexiones. Para evitar las el inconveniente de que las personas sometidas a investigaciones sepan que son observadas, el instrumento más apropiado son las encuestas. El análisis de los resultados es la parte más delicada, pues dependen en gran parte de la finura de la descripción y del don de la persona que la lleva a cabo.

El método experimental intenta de provocar una serie de reacciones en condiciones determinadas de ante mano, por una parte delimita las causas y por la otra prevé los efectos.

La investigación experimental requiere dos factores: el factor que el experimentador varía sistemáticamente recibe el nombre de variable independiente. El comportamiento resultante de la manipulación experimental es denominado variable dependiente. Para dominar la relación entre dos variables, el investigador se ve obligado a trabajar en un laboratorio.

En psicología social se utilizan cómplices, estos son individuos parecidos a los que participan en la experiencia y que deben hacer lo que hacen los otros, pero en realidad han recibido instrucciones con anterioridad. El primer método marco los inicios de nuestra ciencia el segundo predomina en su estado actual.

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¿POR QUÉ EMPIEZAN A MENTIR LOS NIÑOS?

Todos los padres advierten en algún momento de su vida como educadores, que sus hijos/as comienzan a utilizar de modo continuo la mentira,  creando una sensación de decepción y frustración en ellos, ahora os mostramos algunas de las causas y como se sienten dichos padres ante el conocimiento de la mentira.

POR QUE MIENTEN LOS NIÑOS. PSICOSALUD BENIDORM

  1. La sensación de haber traicionado la verdad instalada en el vínculo puede conducir al ocultamiento de que se trata del hijo y no de amistades, socios, familiares, parejas, vecinos, compañeros de trabajo, de la vida escolar, etc. En tanto que se le cobra, al hijo, cuando miente, deudas de otras experiencias, las respuestas no corresponden a la edad y desconfiguran la imagen que de él se ha construido.
  2. Constituirse en agencia de investigación acerca del origen de la mentira; no obstante que el hijo acepte que mintió, padres y madres se empeñan en conocer el trasfondo del acto falso. Su motivación indagadora los puede dirigir a establecer conexiones, vislumbrar escenarios y formular hipótesis de forma que se concentren más en la raíz lógica de la mentira y no en el trastocamiento de la relación ni en el impacto sobre el desarrollo del hijo.
  3. Conformar un tribunal que transita de la averiguación previa al procesamiento de la presunta responsabilidad. Generalmente no existen muchas posibilidades de diferenciar el acto de mentir  del daño estructural o secundario. La actitud enjuiciadora predomina ante cualquier otro factor.
  4. Acudir con un especialista para que apoye en la enmienda moral del sujeto mentiroso, con la visión de que el mentir no tiene relación alguna con el resto de la familia, lo que difícilmente se mantendrá en la medida de las exploraciones.

 

Las mentiras son temas cruciales de la vida familiar. Imagínese lo complicado y penoso que sería si nunca pudiéramos confiar en lo que la gente nos dice. Resultaría imposible si tuviéramos que comprobar y verificar todo lo que nos cuentan. (Ekman, 1998: 18)

 

PORQUE MIENTEN LOS NIÑOS. PSICOSALUD BENIDORM

Motivos para mentir en la infancia

Dado que hay múltiples maneras de mentir, también son numerosas las razones. Además de no ser común que se analice la mentira que a menudo aparece en forma sorpresiva, lo que provoca que las reacciones se conduzcan en el carril de la conducta emocional, reservando a la racionalidad un papel nada protagónico; se tiene la costumbre de mezclar situaciones revolviendo los conceptos, como es el caso de esconder y mentir o dañar y ocultar, lo cual más allá de su claridad tiende a ocupar el sitio del motivo de mentir. Cada acción mentirosa tiene su propia especificidad como fuente; sin embargo, sí hay cierta recurrencia en los menores cuando se lleva a cabo, como se muestra en la siguiente lista que detona la mentira:

 

 

  1. Evitar ser castigado.
  2. Obtener algo que no se podría conseguir de otra manera.
  3. Proteger a los amigos de problemas.
  4. Protegerse a uno mismo o a otra persona de algún daño.
  5. Ganarse la admiración o el interés de otro.
  6. Evitar crear una situación social embarazosa.
  7. Evitar la vergüenza.
  8. Mantener la intimidad.
  9. Demostrar el propio poder sobre una autoridad. (Ekman, op. Cit. 50)

Empero, el brote de una mentira no es un fenómeno desconectado de entornos, atmósferas afectivas y esquemas de relaciones humanas, pese que al tener conocimiento de la mentira “el sujeto mentiroso” es desconocido en la representación moral de quienes lo miran.

 

En este sentido, la observación de la mentira tiene que constituir un ejercicio intelectual que demanda sobre todo la preservación del control de las emociones, aunque regularmente sea abrupta la aparición del hecho falseado. Los estudios orientados a la comprensión de la mentira infantil apuntan  hacia tres aspectos: inteligencia, inadaptación y personalidad. Al establecer nexos entre la frecuencia a mentir y la inteligencia, surge el dato en que los menores que cuentan con coeficientes intelectuales más altos en promedio, mienten menos que aquellos cuyos coeficientes son inferiores, lo cual genera todo tipo de análisis, en los que se concluye que la dotación alta de inteligencia favorece el cumplimiento del orden, haciendo innecesaria la alteración de la “verdad” en un mundo que les resulta sencillo y que le recompensa su apego a las normas. La inadaptación es un aspecto notable, ya que el mentir comúnmente refleja estados de inconformidad con el medio. La personalidad relacionada con la mentira representa la convergencia de diferentes factores condensados en tres grupos: físicos, culturales y psicológicos. El mentir se puede diferenciar como un acto esporádico o estructural. La personalidad se asume en una elaboración de imágenes en donde socialmente se espera un modelo concreto de existencia, misma que se convierte en la actuación al gusto de los demás, generando un terreno fértil para la mentira.

¿Por qué mienten los niños?

Juan Pedro Valencia, psicólogo infantil, nos explica los motivos de las mentiras desde temprana edad:

Menos de 3 años: Por debajo de esta edad los niños no mienten aunque digan cosas que no son verdad, pues para ellos sí lo son y con eso les basta.

Entre 3 y 5 años: La mentira no se produce de forma consciente, sino como elemento constituyente de sus juegos e historias fantasiosas. La mentira es un elemento más del juego y no hay que darle demasiada importancia, salvo que se extienda a su comportamiento habitual o se convierta en la forma por excelencia de obtener lo que quieren.

También les sirve para aprender que no siempre los adultos saben todas las cosas -lo cual es positivo y permite adquirir una mayor tolerancia a la frustración-; que puede ser una forma útil de llamar la atención en algunos casos, o que les permite evitar consecuencias negativas, como por ejemplo, un castigo.

A veces, mienten simplemente porque imitan lo que ven, es decir, absorben nuestras formas de actuar, de comportarnos y también, por qué no decirlo, de mentir. Asimismo, si nuestro nivel de exigencia es demasiado elevado, puede influir de tal forma que al no poder cumplirlo mientan para evitar defraudarnos y eliminar la tensión que les supone asumir esa responsabilidad desproporcionada: la mentira puede convertirse en una válvula de escape que enmascare una ansiedad demasiado elevada.

A partir de 5 años: A esta edad comienzan a mentir de forma consciente, cuando ya suelen distinguir la diferencia entre lo que es cierto y lo que no lo es, aunque aún no tienen claro que mentir sea algo incorrecto. Las mentiras pueden producirse tanto por inseguridad y falta de autoestima -que intentan ocultar mediante la mentira- o bien para probar y ver las reacciones de los adultos y comprobar hasta dónde pueden llegar. En algunos casos, se trata de una forma de obtener afecto (que puede significar la existencia de problemas emocionales no resueltos) y que en la adolescencia puede convertirse en una forma de obtener más intimidad o de ocultar otros problemas más graves.

La mentira puede ser un síntoma que nos indique la personalidad de nuestro hijo:

• El niño tímido que se evade al sentirse desamparado.

• El niño agresivo y colérico que no encuentra la reacción adecuada.

• El niño temeroso que trata de huir del peligro.

• El niño vengativo que busca desquitarse.

La totalidad de la vida social es una actuación en la que todos interpretamos los papeles que se esperan de nosotros

Erving Goffman

¿Cómo saber si miente?
A menudo es muy difícil para los papás saber si los niños están diciendo la verdad o no. Cuando dicen la verdad, generalmente están relajados y sus expresiones faciales lo demuestran. Cuando mienten, sus expresiones faciales pueden demostrar esta ansiedad. Los padres deben escuchar cuidadosamente lo que sus hijos les dicen. ¿Existen contradicciones en lo que dicen? ¿Tienen sentido sus palabras? ¿Es creíble lo que dicen? Si los niños dicen la verdad, usualmente sus palabras no suenan ensayadas, si lo que dicen suena ensayado, los padres pueden hacer preguntas para ver cómo reaccionan al contestarlas.

El punto relevante, por consecuencia, no es la mentira en sí misma y aislada de la dinámica social, pues estar con otros prescinde de condicionarse al empleo absoluto de la verdad; sino al cumplimiento de normas que regulan la coexistencia.

Jean Piaget (1896-1980), en sus afanes por comprender cómo se construye el conocimiento en los seres humanos avizoró que el desarrollo de la inteligencia adopta rutas hermanadas con el desarrollo moral, siendo así que los pequeños esbozan trazos rudimentarios de la modificación de la realidad a la par que son capaces de intercambiar mensajes precisos con su entorno, que es a su vez un grado de complejidad cognitiva; no obstante, el cumplimiento conceptual de la mentira es posible, si y sólo si, el sujeto tiene la certeza de estar trasgrediendo una disposición, por lo que no debe perderse de vista que al mentir se elige un sendero alterno al convenido, lo que coloca al sujeto que miente en un sitio de certeza para él, con  una ración elemental para intuir los alcances de sus actos. En esta perspectiva, sí hay un incremento en el uso de la mentira en los niños cuando se van haciendo mayores, sin reserva del manejo que pueda hacer de sus emociones, mismas que tienen participación en formato de culpa, miedo y alegría.

Los rasgos a manera de habilidades para mentir en un niño requieren de lo siguiente: empatía; uso del lenguaje adecuado; control emocional; velocidad de pensamiento y lenguaje y capacidad de planeación. Revelándose que si bien la mentira frecuente tiende a provenir de coeficientes no siempre altos, sí es necesario un conjunto de capacidades que de manera articulada llevan la mentira a la tierra del éxito. El mentiroso común basa su continuidad en el logro, sus mentiras son mayoritariamente bienaventuradas.

La mentira exitosa en el niño le llega a conceder un margen de fuerza, poder y autonomía (Ekman, op. Cit. 122).

 

Lawrence Kohlberg (1927- 1987), discípulo de Piaget continuó las exploraciones sobre el desarrollo moral y sistematizando un proceso cronológico:

Etapas Edad Qué es lo correcto Razones para ser bueno
0 4 Conseguir lo que quiero.
Lo que yo quiero es lo justo.
Conseguir recompensas y evitar castigos.
1 5-6 Hacer lo que te dicen.
Lo que te dicen los adultos.
No meterse en problemas.
2 6-8 Hacer a los demás exactamente lo que ellos te hacen a ti. Qué obtengo yo de ello.
3 8-12 Vivir de acuerdo con las expectativas de los demás. Para que los demás piensen bien de mí y puedo yo pensar bien de mí mismo
4 12 + Cumplir con las obligaciones de la sociedad. Mantener unida la sociedad; ser un buen ciudadano.

 

Por supuesto que tal propuesta es susceptible de cuestionamientos, lo que no deja de ser una aportación para considerar que la falsedad o veracidad tienen que ver con el avance cognitivo y moral de los menores. Además de recordar a madres y padres que las ópticas son a menudo muy diferentes y que ello implica asignación de valores igualmente diversos.

Como se mencionó al principio, las reacciones ante la mentira no son únicas, se sujetan a particularidades y contextos que se conjugan con significados preexistentes. Ante esto no está de más presentar una breve tipología de las mentiras en los niños:

  • Mentiras piadosas
  • Mentiras sociales
  • Mentiras relacionadas con la autoridad
  • Mentiras a los progenitores / tutores
  • Mentiras a los profesores

Desde luego que no se desprenden de un carácter coloquial y quizá no es lo relevante, sino la actitud que se asuma cuando se encuentre ante alguna de ellas, máxime si se sabe que es imposible evitar las mentiras en los hijos. Que lejos de su cancelación definitiva se pueden generar circunstancias favorables como es la facilitación del diálogo, reglas con margen de flexibilidad y el aprecio mutuo. De igual manera, el manejo emocional en el adulto, cuidar la radicalización de las medidas; no se debe descartar el componente de negociación, aún en la experiencia de la mentira.

Cierto es que no debe privar la desconfianza en las relaciones humanas, aunque no es excesivo reorganizar las observaciones hacia los hijos, especialmente en puntos como: su entorno de amigos, el empleo del tiempo libre, sus experiencias de goce, el papel de los medios electrónicos en él, comportamiento y desempeño escolar, sus nociones de familia, emociones representativas, actitud ante las normas y sobre todo considerar que el abandono de la mentira se vincula con el temor a la desaprobación, necesitándose con enormidad la cautela y no injuriar.

Todos los niños mienten en algún momento. En los menores de cinco años, el mundo mágico de los sueños, deseos y fantasías, no siempre se diferencia de la realidad.

  

Pero cuando la mentira se convierte en algo crónico pasada esta edad, revela un problema más profundo de inseguridad o falta de autoestima que conviene averiguar y tratar. Si no quieres que tu hijo mienta a todas horas, evita hacerlo tú delante de él.

Todos mentimos en algún momento: por conveniencia, vergüenza, interés, respeto o necesidad. Por piedad, desesperación, defensa o simplemente por gusto. Las mentiras crecen con nosotros y evolucionan junto con nuestra personalidad. Pero si la mentira es persistente y trastorna nuestra vida y la de los que nos rodean, se convierte en algo patológico y peligroso.

Los padres desean que sus hijos no les mientan nunca, que confíen en ellos y les digan siempre la verdad. Para lograr esto, hay que inculcar ciertos hábitos de conducta y darles ejemplo desde pequeños. Mentir es una parte natural del desarrollo mental del niño y ciertas mentiras son positivas, pero si tu hijo es muy pequeño, es peligroso que se dé cuenta de que alterando la realidad obtiene un beneficio, porque así aprende a decir mentiras para evitar sus responsabilidades, y de adolescente engañará para probar sus propios límites y salirse con la suya.

¿Qué hacer cuando mi hijo miente?

Lo primero es intentar averiguar el porqué de ese comportamiento para así poder corregir lo que de nuestra parte pueda estar influyendo en el mismo y, en caso de que sea exagerado, poder recurrir a un profesional que pueda analizar el problema y orientarnos en la mejor forma de solucionarlo.

No obstante, Juan Pedro Valencia nos da una serie de pautas que podemos emplear para evitar en lo posible las mentiras de nuestros hijos:

– Dar ejemplo: Es difícil pedirle que no mienta si nosotros lo hacemos de forma habitual. Frases tan comunes como decir “Si me llaman por teléfono, di que no estoy”, pueden confundir al niño si luego le recriminamos por decir él algo parecido.

DAR EJEMPLO NO MINTIENDO PSICOSALUD BENIDORM

– Crear un clima de confianza que le sirva para tener la seguridad de que puede contarnos todo con tranquilidad y sin miedo.

Explicarle claramente la diferencia entre la verdad y la mentira. Esto es especialmente importante en edades tempranas, donde, además, ajustaremos la explicación a su edad.

Felicitarle cuando nos diga la verdad, especialmente si la misma conlleva riesgo de ser castigado. Por supuesto, si ha actuado mal y nos lo confiesa sin mentir no significa que no le debamos castigar, sino que separaremos claramente lo que es un comportamiento inadecuado por su parte de lo que el niño significa para nosotros: le queremos por sí mismo, no por sus actos.

– No reaccionar de forma desproporcionada cuando mienta, siendo preferible reprenderle o comentar lo ocurrido en privado que hacerlo en público.

– Explicar claramente lo que esperamos en cuanto a cumplir normas y los beneficios que conlleva. Ello le permitirá entender bien la relación entre conducta y consecuencias.

– Fomentar oportunidades para que actúe de forma sincera. Nosotros confiamos en ellos pero deben ser honestos con nosotros.

Guardar proporcionalidad entre la conducta y sus consecuencias. Tan inadecuado es castigar excesivamente una conducta errónea como premiar sobremanera una positiva.

– La mentira no siempre hay que castigarla; a veces es más positivo saber sus razones para mentir, de tal forma que podamos actuar para que comprenda lo valioso de la sinceridad. Aumentará nuestra confianza y al mismo tiempo su libertad y autonomía.

– Liberarse de actitudes neuróticas. Muchas veces reaccionamos con ansiedad ante la simple posibilidad de la mentira: “¿Habrá dicho o no la verdad?” Y cuando la mentira es descubierta, entonces se acosa al niño, se multiplican las preguntas y los interrogatorios, y, haciendo gala de una gran desconfianza, ya no se le cree, aunque diga la verdad.

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¿QUE ES LA DISLEXIA ? DETECCIÓN Y ETAPAS

 

La dislexia es un problema que afecta al lenguaje en su conjunto. Los factores que mejor predicen el riesgo de tener dislexia se dan en el parvulario y tienen que ver con la dificultad para nombrar letras, la falta de memoria para repetir frases, la dificultad para nombrar colores o para hacer emparejamiento de palabras. Mejorando las estructuras lingüísticas básicas durante los primeros cuatro o cinco años de vida de nuestro hijo será como mejor ayudaremos a evitar que se presenten dificultades de lectura en edades posteriores.


 

 

 

Nuestro cerebro es el resultado de millones de años de evolución. A cerebros simples corresponden habilidades también simples, por lo que, a medida que en los animales las estructuras cerebrales se hacen más complejas, crecen sus capacidades para desarrollar estrategias más elaboradas tanto para la supervivencia como para la convivencia y la comunicación.

El ser humano, con el cerebro más evolucionado de todos los seres del planeta Tierra tiene, como consecuencia, unas capacidades comunicativas superiores que lo hacen diferente, basadas en el lenguaje verbal, tanto el oral como el escrito.

DISLEXIA. PSICOSALUD BENIDORM

Las teorías clásicas sobre la lectura y la escritura

Las teorías clásicas de la historia del lenguaje siempre nos han dicho que la comunicación oral se ha desarrollado antes que la escrita.

En parte basados en esta teoría, se pensaba también que aprender a comprender el lenguaje oral era más fácil que aprender a leer y que aprender a hablar era más fácil que aprender a escribir. Por otro lado había otra realidad muy evidente: mientras la comunicación oral estaba al alcance de todos los niños y niñas, no todos aprendían a leer y escribir.

Un análisis poco fino de estas observaciones, nos llevaba a la conclusión de que aprender a leer es tan difícil que se ha de hacer en la escuela, como un asignatura escolar y sólo a partir del momento en que el niño esté “maduro” para poderlo hacer, por lo que en ningún momento debíamos exponer al lenguaje escrito a los niños y niñas hasta la mítica edad de los 6 años.

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La dislexia es un problema que afecta al lenguaje en su conjunto

Sin embargo, aunque los primeros alfabetos tal como los entendemos en nuestros días sí son posteriores al lenguaje hablado, la especie humana siempre se ha comunicado gráficamente desde los primeros inicios del lenguaje verbal, mediante signos y dibujos más o menos abstractos.

Siguiendo con las últimas investigaciones sobre la adquisición del lenguaje tanto oral como escrito, se ha visto que hay una gran relación entre los niños con dificultades para aprender a hablar bien a los 3 ó 4 años y los niños que después tienen dificultades para aprender a leer, que acaban diagnosticados como disléxicos a los 9 o a 10 años.

Esta apreciación ha dado como resultado una nueva interpretación de la dislexia, entendida ésta como un tema que afecta al lenguaje en su conjunto. Los factores que mejor predicen el riesgo de tener dislexia son la dificultad para nombrar letras, la falta de memoria para repetir frases, la dificultad para nombrar colores y la dificultad para hacer emparejamiento de palabras (dada una palabra y al lado una lista de tres entre las que está la primera, identificarla correctamente) durante el parvulario.

Por lo tanto, será a partir de la mejora de las estructuras lingüísticas básicas durante los primeros cuatro o cinco años de vida del niño/a como mejor ayudaremos a evitar que se presenten las dificultades de lectura de nuestros hijos.

Qué hacer para que un bebé desarrolle buenas estructuras lingüísticas

Ya hemos dicho que las capacidades lingüísticas humanas son superiores al resto de los animales. Hemos de añadir que se localizan en el córtex cerebral, la estructura del cerebro que, situada por encima de todas las demás, es la más elaborada, sofisticada y la última en formarse evolutivamente hablando.

Para que el córtex funcione bien es preciso que todas las demás organizaciones neuronales que están situadas por debajo de él estén bien desarrolladas. Podemos decir que el córtex es como el tejado de la casa y, para que se aguante como debe, necesita cimientos y paredes maestras bien aseguradas.

DISLEXIA. PSICOSALUD BENIDORM

Los cimientos y paredes maestras cerebrales de cara al lenguaje tienen dos integrantes fundamentales:

  1. El desarrollo psicomotor y visual.
  1. La comunicación con los demás.

1. El desarrollo psicomotor pasa por el hecho de que el niño juegue y disfrute en el suelo, elemento que le preparará para el inicio del arrastre a partir del quinto mes y del gateo después del noveno, aproximadamente. Arrastre y gateo le proporcionarán las bases de una buena organización neurológica, de una lateralidad bien definida, y una buena convergencia visual, bases de un buen lenguaje escrito.

2. El lenguaje que escucha el bebé, incluso antes de nacer (en el 5º mes de embarazo ya está formado el oído del bebé) a través de la madre primero y de todo su entorno después, es el responsable de que el niño sepa y pueda hablar. Cuanto más rico sea el lenguaje, cuanto más conversemos con él, cuanto más lo escuchemos y cuanto más se sienta estimulado para la comunicación, mejores bases estamos poniendo no sólo para el lenguaje oral, sino también para el escrito.

Junto al lenguaje oral, enseñarle imágenes, cuentos, leerle a diario a partir de los 18-24 meses le proporcionará unos conocimientos previos y unas bases fonológicas que le permitirán aprender el lenguaje escrito sin ningún esfuerzo antes de empezar la primaria.

Es un hecho que en los parvularios que han empezado a trabajar la lectura como lenguaje y empiezan a estimular al niño desde los primeros años en este sentido han conseguido los siguientes logros:

  1. Aumentar el número de niños que llegan a primero de primaria dominando el lenguaje escrito. Saben leer, disfrutan y tienen la lectura como algo natural.
  1. Detectar mucho antes los primeros síntomas que pueden acarrear dificultades, por lo que es posible poner remedio más pronto. Prevenir en el parvulario es un juego. Reeducar en primaria es mucho más costoso y dificultoso.

Aprender a leer es un proceso natural que dura años, fruto de la madurez que se alcanza, no porque el niño cumpla años sino por la estimulación planeada y placentera llevada a cabo. Como consecuencia de este largo y relajado proceso desaparece la ansiedad del aprendizaje de la lectura que se presenta cuando queremos que el niño aprenda a leer porque ya tiene la edad.

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