SÍNDROME DE PETER PAN

A pesar de que el Síndrome de Peter Pan es un término muy utilizado entre la población, el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM) no lo incluye en ninguna de sus revisiones. Esto supone que no es considerado como un trastorno psicológico ni una enfermedad mental por gran parte de los profesionales de la salud, pero sí se podríamos considerarlo como un concepto que agrupa unos rasgos comunes en muchos hombres de una determinada edad.

Características del Síndrome de Peter Pan

Cuando hablamos del Síndrome de Peter Pan hacemos referencia a ese sentimiento de no querer crecer y, suele estar mayormente vinculado al género masculino con personalidad narcisis. Podríamos decir que se ha producido una fijación en la evolución de la personalidad del sujeto.

Éste síndrome se caracteriza, mayoritariamente, por una falta de madurez tanto en los aspectos emocionales como en los sociales, en algunos casos puede darse incluso en el aspecto laboral.

Los rasgos que se le atribuyen son muy variables: irresponsabilidad, dependencia, cólera, manipulación, rebeldía, egoísmo, inmadurez, etc.

¿Por qué?

Algunos de los profesionales de la psicología que han hablado sobre este tipo de síndrome lo relaciona con una infancia extremadamente feliz y con el miedo al fracaso a no adaptarse a una nueva etapa, la adultez.

Todos los rasgos que definen a este tipo de persona no es nada más que una coraza que lo protege de su propia inseguridad, el miedo al cambio es tan atormentador que prefiere quedarse relegado a lo conocido, a esa sensación de cambiar y no madurar por temor a no ser aceptado por las personas a las que quiere o que le importan.


Suelen mostrarse como personas muy cerradas que saltan de relación en relación para evitar la verdadera intimidad, el momento en el que uno se muestra a otra persona interiormente perdiendo las barreras que lo protegen de un posible rechazo o desencantamiento.

Sí todos estos síntomas afectan a tu relación de pareja, no dudes en consultarnos.

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¿QUE ES LA DISLEXIA ? DETECCIÓN Y ETAPAS

 

La dislexia es un problema que afecta al lenguaje en su conjunto. Los factores que mejor predicen el riesgo de tener dislexia se dan en el parvulario y tienen que ver con la dificultad para nombrar letras, la falta de memoria para repetir frases, la dificultad para nombrar colores o para hacer emparejamiento de palabras. Mejorando las estructuras lingüísticas básicas durante los primeros cuatro o cinco años de vida de nuestro hijo será como mejor ayudaremos a evitar que se presenten dificultades de lectura en edades posteriores.


 

 

 

Nuestro cerebro es el resultado de millones de años de evolución. A cerebros simples corresponden habilidades también simples, por lo que, a medida que en los animales las estructuras cerebrales se hacen más complejas, crecen sus capacidades para desarrollar estrategias más elaboradas tanto para la supervivencia como para la convivencia y la comunicación.

El ser humano, con el cerebro más evolucionado de todos los seres del planeta Tierra tiene, como consecuencia, unas capacidades comunicativas superiores que lo hacen diferente, basadas en el lenguaje verbal, tanto el oral como el escrito.

DISLEXIA. PSICOSALUD BENIDORM

Las teorías clásicas sobre la lectura y la escritura

Las teorías clásicas de la historia del lenguaje siempre nos han dicho que la comunicación oral se ha desarrollado antes que la escrita.

En parte basados en esta teoría, se pensaba también que aprender a comprender el lenguaje oral era más fácil que aprender a leer y que aprender a hablar era más fácil que aprender a escribir. Por otro lado había otra realidad muy evidente: mientras la comunicación oral estaba al alcance de todos los niños y niñas, no todos aprendían a leer y escribir.

Un análisis poco fino de estas observaciones, nos llevaba a la conclusión de que aprender a leer es tan difícil que se ha de hacer en la escuela, como un asignatura escolar y sólo a partir del momento en que el niño esté “maduro” para poderlo hacer, por lo que en ningún momento debíamos exponer al lenguaje escrito a los niños y niñas hasta la mítica edad de los 6 años.

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La dislexia es un problema que afecta al lenguaje en su conjunto

Sin embargo, aunque los primeros alfabetos tal como los entendemos en nuestros días sí son posteriores al lenguaje hablado, la especie humana siempre se ha comunicado gráficamente desde los primeros inicios del lenguaje verbal, mediante signos y dibujos más o menos abstractos.

Siguiendo con las últimas investigaciones sobre la adquisición del lenguaje tanto oral como escrito, se ha visto que hay una gran relación entre los niños con dificultades para aprender a hablar bien a los 3 ó 4 años y los niños que después tienen dificultades para aprender a leer, que acaban diagnosticados como disléxicos a los 9 o a 10 años.

Esta apreciación ha dado como resultado una nueva interpretación de la dislexia, entendida ésta como un tema que afecta al lenguaje en su conjunto. Los factores que mejor predicen el riesgo de tener dislexia son la dificultad para nombrar letras, la falta de memoria para repetir frases, la dificultad para nombrar colores y la dificultad para hacer emparejamiento de palabras (dada una palabra y al lado una lista de tres entre las que está la primera, identificarla correctamente) durante el parvulario.

Por lo tanto, será a partir de la mejora de las estructuras lingüísticas básicas durante los primeros cuatro o cinco años de vida del niño/a como mejor ayudaremos a evitar que se presenten las dificultades de lectura de nuestros hijos.

Qué hacer para que un bebé desarrolle buenas estructuras lingüísticas

Ya hemos dicho que las capacidades lingüísticas humanas son superiores al resto de los animales. Hemos de añadir que se localizan en el córtex cerebral, la estructura del cerebro que, situada por encima de todas las demás, es la más elaborada, sofisticada y la última en formarse evolutivamente hablando.

Para que el córtex funcione bien es preciso que todas las demás organizaciones neuronales que están situadas por debajo de él estén bien desarrolladas. Podemos decir que el córtex es como el tejado de la casa y, para que se aguante como debe, necesita cimientos y paredes maestras bien aseguradas.

DISLEXIA. PSICOSALUD BENIDORM

Los cimientos y paredes maestras cerebrales de cara al lenguaje tienen dos integrantes fundamentales:

  1. El desarrollo psicomotor y visual.
  1. La comunicación con los demás.

1. El desarrollo psicomotor pasa por el hecho de que el niño juegue y disfrute en el suelo, elemento que le preparará para el inicio del arrastre a partir del quinto mes y del gateo después del noveno, aproximadamente. Arrastre y gateo le proporcionarán las bases de una buena organización neurológica, de una lateralidad bien definida, y una buena convergencia visual, bases de un buen lenguaje escrito.

2. El lenguaje que escucha el bebé, incluso antes de nacer (en el 5º mes de embarazo ya está formado el oído del bebé) a través de la madre primero y de todo su entorno después, es el responsable de que el niño sepa y pueda hablar. Cuanto más rico sea el lenguaje, cuanto más conversemos con él, cuanto más lo escuchemos y cuanto más se sienta estimulado para la comunicación, mejores bases estamos poniendo no sólo para el lenguaje oral, sino también para el escrito.

Junto al lenguaje oral, enseñarle imágenes, cuentos, leerle a diario a partir de los 18-24 meses le proporcionará unos conocimientos previos y unas bases fonológicas que le permitirán aprender el lenguaje escrito sin ningún esfuerzo antes de empezar la primaria.

Es un hecho que en los parvularios que han empezado a trabajar la lectura como lenguaje y empiezan a estimular al niño desde los primeros años en este sentido han conseguido los siguientes logros:

  1. Aumentar el número de niños que llegan a primero de primaria dominando el lenguaje escrito. Saben leer, disfrutan y tienen la lectura como algo natural.
  1. Detectar mucho antes los primeros síntomas que pueden acarrear dificultades, por lo que es posible poner remedio más pronto. Prevenir en el parvulario es un juego. Reeducar en primaria es mucho más costoso y dificultoso.

Aprender a leer es un proceso natural que dura años, fruto de la madurez que se alcanza, no porque el niño cumpla años sino por la estimulación planeada y placentera llevada a cabo. Como consecuencia de este largo y relajado proceso desaparece la ansiedad del aprendizaje de la lectura que se presenta cuando queremos que el niño aprenda a leer porque ya tiene la edad.

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EL ALCOHOLISMO PRODUCE DETERIORO EN LA MEMORIA ¿LO SABÍAS?

Dentro del complejo de funciones desarrolladas dentro del cerebro, hallamos a la memoria. “El deterioro en las habilidades de la memoria puede tener consecuencias nocivas para el funcionamiento diario en un alcohólico”, destacaron Sullivan y Pitel, autoras del estudio. “En el trabajo, los alcohólicos que tienen una labor con alta carga cognitiva, pueden tener dificultades para aprender nuevas tareas. En casa, los trastornos de la memoria pueden ser considerados como falta de interés en la vida familiar y pueden dar lugar a conflictos”. El alcoholismo puede interrumpir el normal funcionamiento de la memoria antes de incurrir en la amnesia profunda del SÍNDROME DE KORSAKOFF.

DETERIORO POR ALCHOLISMO. PSICOSALUD BENIDORM

La memoria episódica es el sistema de memoria que “archiva” eventos experimentados personalmente asociados a un contexto espacial y temporal precisos de la codificación, y parece tener una capacidad ilimitada. “Por ejemplo, la memoria episódica incluye recuerdos de vacaciones como: ‘cuando fui a París con mi marido, me comí un delicioso ratatouille para cenar en un restaurante muy lindo, recuerdo el lugar, cómo estaba vestida, y que me quemé la lengua cuando probé la comida’, dijo Sullivan, citando a Anne-Lise Pitel, autora principal. “Esos recuerdos son únicos para el individuo. La memoria episódica está alterada en algunos alcohólicos, que pueden tener dificultades para recordar una lista de compras, una ruta a un restaurante nuevo o nuevas asociaciones de nombres y rostros, tal como se encontró en un nuevo trabajo.” La memoria asociativa es un componente de la memoria episódica, agregó. Por el contrario, la memoria de trabajo es un sistema de memoria a corto plazo, con una capacidad limitada, lo que permite el almacenamiento temporal y la manipulación de la información, que se olvida rápidamente a menos que se haya consolidado en un sistema de almacenamiento a largo plazo.

“Los alcohólicos tienen déficit de memoria de trabajo dando lugar a dificultades, como recordar un número telefónico mientras lo está marcando”, dijo Sullivan. “Este estudio se centró en un proceso cognitivo fundamental en la vida diaria”, añadió Sara Jo Nixon, profesora en el departamento de psiquiatría de la Universidad de Florida. “El aprendizaje efectivo asociativo y los procesos de memoria, como aprender que dos elementos van juntos y recordar este enlace o asociación después, son esenciales para las interacciones exitosas en todo nuestro entorno personal y profesional. Aprender los nombres de nuevos amigos, colegas o conocidos es sólo un ejemplo de este tipo de aprendizaje, pero es de particular importancia social y personal.”

DETERIORO EN LA MEMORIA POR EL ALCOHOLISMO. PSICOSALUD BENIDORM

 

Sullivan, Pitel, y sus colegas presentaron tareas de aprendizaje a dos grupos: 10 alcohólicos (8 hombres y 2 mujeres) reclutados en centros de tratamiento comunitarios, ambulatorios y hospitales, así como a 10 “controles” o no-alcohólicos (5 hombres, 5 mujeres), reclutados en la comunidad local. Las tareas eran o bien asociativas, tales como cara-nombre, o de un solo elemento, como la cara o el nombre.

“Aprender nuevas asociaciones de nombres y caras fue más difícil que aprender nuevas caras individuales o nombres tanto para el grupo control como para el grupo de alcohólicos”, dijo Sullivan. “Los alcohólicos tenían deterioradas las capacidades de aprendizaje tanto para asociación de cara y nombre como para la asociación simple de cara o nombre. El rendimiento del aprendizaje se correlacionó con diferentes regiones del cerebro en los alcohólicos y en el grupo control; en particular, el aprendizaje asociativo en los alcohólicos estuvo relacionado con los volúmenes cerebrales del cerebelo medidos con IRM. Este patrón fue diferente de las asociaciones que observamos en los individuos del grupo control, que mostraron relaciones entre el aprendizaje asociativo y los volúmenes del sistema límbico”.

“Mnemotécnicos sugieren que nuestra capacidad de recordar asociaciones de nombres y caras puede mejorar si nos involucramos con procesos tales como las imágenes durante el aprendizaje tanto como el procesamiento profundo, en lugar de basarse en el aprendizaje memorístico o procesamiento superficial”, dijo Nixon.

“Estos autores pidieron a los participantes no sólo que aprenden la asociación cara-nombre, sino también que juzguen si la imagen era de un hombre o una mujer, lo cual es procesamiento superficial. En otro grupo, mientras aprendían el par, se pidió a los participantes que juzguen si la persona parecía “honesta o no”, lo cual es procesamiento profundo. Como nota Edie, los alcohólicos y las personas del grupo control actuaron de manera similar durante la codificación, requiriendo más tiempo para completar el procesamiento profundo que el procesamiento superficial. Los alcohólicos, sin embargo, fueron inferiores a los individuos del grupo control en la exactitud de su memoria tanto si se les pedía reconocer el par de cara y nombre correctos o simplemente que identificaran qué cara habían visto antes en la tarea.”

 

El deterioro en la memoria episódica en los alcohólicos pueden dificultar la obtención de beneficios de los esfuerzos de rehabilitación.

Tanto Sullivan como Nixon notaron que este estudio contribuye a subrayar la complejidad de los efectos del alcohol sobre el cerebro.

 

“Incluso al incitar a los alcohólicos a codificar memorandos a un nivel profundo resultó en relaciones más específicas con el volumen regional del cerebro, comparado con la codificación superficial”, dijo Sullivan, “no les permitía tomar ventaja de esta estrategia y tanto el reconocimiento asociativo como el de un solo elemento estaban dañados”.

“Estos análisis apoyan y amplían trabajos previos que sugieren que el rendimiento neurocognitivo en los alcohólicos puede acercarse o incluso coincidir con el de los individuos del grupo control mediante la utilización de sistemas alternativos de comportamiento neurológico”, añadió Nixon. “Para los alcohólicos, el rendimiento en tareas cognitivas relativamente simples es positivo y ampliamente asociado con el volumen del cerebro; asociaciones no observadas en los individuos del grupo control. En contraste, los volúmenes cerebrales se asocian con el desempeño de los individuos del grupo control, sobre todo en las tareas más difíciles o complejas. Además, ciertas áreas del cerebro, tales como el cerebelo, aparecen relacionadas con el rendimiento sólo para los alcohólicos. Estas asociaciones diferenciales son a la vez provocativas y relevantes”.

“Finalmente, desde un punto de vista clínico, el deterioro en la memoria episódica en los alcohólicos pueden dificultar la obtención de beneficios de los esfuerzos de rehabilitación, porque los tratamientos exitosos requieren: uno, el aprendizaje de nuevos conocimientos como el significado, la conciencia de sí mismo y las consecuencias de la “adicción” o “droga”; y dos, para ‘re-experimentar” episodios en los que previamente se habría bebido, lo que permite la previsión y el reconocimiento de situaciones potencialmente peligrosas” destacaron Sullivan y Pitel.

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¿ REESTRUCTURACIÓN COGNITIVA?

Algunos terapeutas que se autodenominan “cognitivos-puros” aplican la Discusión Cognitiva únicamente de manera verbal. De este modo, las sesiones se conforman predominantemente por pláticas espontáneas durante las cuales los terapeutas van implementando los pasos de la técnica mediante una conversación informal. Opuestamente, quienes hacemos Terapia Cognitivo Conductual solemos amalgamar la Discusión Cognitiva con procedimientos de raigambre conductual. Ello otorga más sistematicidad a las técnicas y redunda en un aumento de su efectividad.

 

La Reestructuración Cognitiva constituye sin duda uno de los pilares del trabajo del terapeuta cognitivo conductual en la actualidad. Hace ya más de 30 años que los aportes realizados desde las Terapias Racionales, principalmente los modelos de Albert Ellis y Aaron Beck, se han integrado perfectamente bien con las tradiciones conductuales como la Terapia del Comportamiento o el Análisis Conductual Aplicado. Hoy el modelo puede llamarse sin lugar a dudas Cognitivo y Conductual, resaltando el aporte de ambas líneas de investigación y aplicación. Y este grado de integración no es sólo teórico sino también práctico a la hora de trabajar con los pacientes. En efecto, tanto por su contenido como por su forma, la Discusión Cognitiva constituye un claro ejemplo de cómo los procedimientos de origen cognitivo se entrelazan fuertemente con los conductuales. Particularmente, el comportamiento de  diarios, se destaca como un ejercicio bisagra entre ambas tradiciones.

 

La detección de las interpretaciones distorsionadas

Tal como sabemos, el primer paso de una Discusión Cognitiva bien llevada es la detección de los pensamientos automáticos. Por tal motivo, al iniciar con el procedimiento, le enseñamos a los pacientes las características de los pensamientos automáticos, buscamos ejemplos de su vida cotidiana y típicamente asignamos una tarea: pedimos al paciente que anoteejemplos de pensamientos automáticos que se producen en su ambiente cotidiano. A tal efecto, el terapeuta le da al paciente un registro con algunas columnas que como mínimo incluyen situación, pensamiento y emoción. El registrar en ese formulario, un autorregistro, es una conducta motora.

El acto de tomar nota en categorías prediseñadas ayuda a los paciente a formar de modo práctico las primeras nociones del modelo cognitivo, vale decir, les enseña que lo que piensan influye en las emociones que experimentan. Más allá de cuánto se vean influidos por las situaciones, el pensamiento casi siempre ejercerá un rol modulador sobre las emociones. Para llegar a esto, no sólo acudimos a la Psicoeducación, sino que nos apoyamos en una conducta, escribir el pensamiento. A su vez, la acción de escribir será la resultante de la autoobservación.

¿Y qué es la autoobservación? Pues se trata de otro comportamiento, es justamente una conducta que da cuenta de otras conductas. Como el terapeuta le da al paciente pautas acerca de cómo, cuándo y qué registrar, la autoobservación se transforma en sistemática, tanto así que muchas veces permite la comparación intrasujeto a largo plazo y sirve como una medida de la evolución del tratamiento.

El acto de registrar las cogniciones tiene por sí mismo efectos terapéuticos favorables. Frecuentemente los pacientes afirman que el ver su propio pensamiento escrito les ayuda a darse cuenta de que el mismo no es correcto. Este fenómeno, denominado descentramiento, consiste en un proceso por el cual el paciente toma distancia de sus propias ideas, comienza a percibirlas como lo que son, posibles interpretaciones y no como realidades confirmadas.

La discusión de las interpretaciones distorsionadas

Una vez que el paciente se ha entrenado en la detección de sus pensamientos automáticos y ha comprendido la lógica del modelo cognitivo, el segundo gran paso es la discusión cognitiva propiamente dicha. La misma consiste típicamente en un cuestionamiento de base socrática orientado a que el paciente ponga en tela de juicio sus interpretaciones.

Al igual que en la fase anterior, esta etapa también contiene muchos aspectos conductuales de crítica importancia. En el ámbito del consultorio el terapeuta enseña las bases de la discusión utilizando lápiz y papel, típicamente va guiando al paciente para que anote sus pensamientos automáticos así como la discusión de los mismos y las respuestas racionales resultantes. Luego de este entrenamiento, el terapeuta usualmente le asigna al paciente la tarea de realizar estas discusiones por fuera del consultorio, en los ambientes naturales donde se presenten los pensamientos automáticos. Al igual que siempre, la tarea debe ser efectuada por escrito. El acto de anotar nuevamente va guiado por un formulario con categorías preestablecidas que responden a las necesidades del momento de la terapia y a la naturaleza del problema del paciente.

 

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Así, lo que pedimos que anote por ejemplo, un paciente que padece Trastorno de Pánico suele tener diferencias con lo que le pedimos a un paciente que padece Trastorno Obsesivo Compulsivo. Si bien la técnica madre es la misma, ella admite variaciones de acuerdo al diagnóstico y al caso por caso. Al igual que antes, remarcamos que escribir es una conducta, la cual al ser efectuada de modo pautado ayuda en la generación del aprendizaje de la técnica y colabora con el resultado final de internalizar las respuestas racionales.

Las ventajas de escribir durante la aplicación de la reestructuración cognitiva

El escribir durante la reestructuración cognitiva debe ser visto como un paso ineludible por varios motivos. En primer lugar, porque ello aumenta la manipulación de la información en la memoria de trabajo, facilitando así su traspaso a la memoria de largo plazo y la consolidación final del aprendizaje. Se trata de una situación comparable al estudio de un texto. El realizar un resumen, un cuadro sinóptico, una lista de palabras clave constituyen en sí mismos instancias en el aprendizaje. El resumen del texto muchas veces no es para ser leído, sino que el mismo acto de sintetizar por escrito las ideas importantes es lo que ayuda a fijarlas.

Por otra parte, las mismas categorías contenidas en los autorregistros con los cuales conducimos la Discusión Cognitiva ejercen un efecto terapéutico. Cualquier aprendizaje va a acompañado de la generación de categorías nuevas que servirá para agrupar y ordenar la información que recabamos. En este caso, la información proviene en gran medida de los propios pensamientos del paciente, pero también de los ejemplos cotidianos de su vida que nos darán la materia prima para realizar las discusiones. Al realizar las discusiones por escrito, guiadas por autorregistros con categorías preestablecidas, el paciente no sólo organiza la información de otra forma sino que “recalibra” su función atencional.

En otras palabras, las categorías de los autorregistros son paulatinamente internalizadas a la par que el paciente aprende a tomar en cuenta los datos que contradicen sus interpretaciones automáticas patológicas y negativas. Está ampliamente documentado el hecho de que las personas con patologías psicológicas poseen fuertes sesgos cognitivos que preferencian la información negativa por sobre la positiva o neutral. Pues bien, el uso de autorregistros con categorías prediseñadas para la discusión ayuda a contradecir la operación de estos sesgos al pedir al paciente que oriente su atención justamente en sentido opuesto. Este objetivo es mucho más difícil de lograr si sólo efectuamos la discusión cognitiva de manera verbal, las categorías de análisis nuevas que pretendemos introducir nunca son tan claras como cuando se presentan por escrito.

Otro motivo, no poco importante, para el uso de protocolos escritos en la reestructuración cognitiva es que el disponer de un papel entregado por el terapeuta actúa para el paciente como un estímulo discriminativo que aumenta la probabilidad de que haga las tareas asignadas. Dicho en términos más sencillos, el formulario entregado es un recordatorio que limita la postergación y aumenta el compromiso con los ejercicios propuestos por la terapia.

Finalmente, no podemos dejar de mencionar que el escribir muchas veces disminuye la rumiación, una de las aristas tan lastimosas de algunos desórdenes psicológicos. Al tratarse de una conducta motora, el escribir puede interferir con el circuito de retroalimentación y autoactivación que mantiene los pensamientos negativos en la consciencia del paciente. Tanto es así que existe una técnica parcialmente basada en este principio: el control del estímulo precedente de la preocupación, la cual se aplica especialmente en el T.A.G. No podemos desarrollarla en este trabajo pero el lector interesado puede consultar el artículo… en la presente revista.

El rol de los experimentos conductuales

Ahora bien, aparte de la conducta de escribir, la Reestructuración Cognitiva contiene otro elemento de tradición innegablemente conductual: los experimentos conductuales. Como ya sabemos, gran parte de la Discusión Cognitiva gira en torno a la búsqueda de evidencias a favor y en contra de las cogniciones del paciente. No obstante, frecuentemente nos encontramos frente al problema de que tales evidencias buscadas simplemente no existen, es decir, no hay datos que validen o invaliden las ideas del paciente. Muy habitualmente, esto sucede en los Trastornos de de Ansiedad debido al fuerte componente de evitación que presentan estos cuadros. Así, por ejemplo, un paciente con Fobia Social puede temer que si le pide a un mozo que le caliente un plato de comida, éste último reaccionará con enojo.

Ante la pregunta de cuál es la evidencia que sustenta tal creencia, el paciente responderá que no la hay pues simplemente nunca ha hecho la conducta mencionada. En este caso, deberíamos procurar generar la situación, el paciente debería ex profeso ir a un restaurante, pedir comida, esperar a que se enfríe para luego solicitar al mozo que se la caliente y así poder observar su respuesta. Lo que el mozo diga y haga constituirá una evidencia a favor o en contra de las interpretaciones del paciente. Es a este tipo de tareas sencillas que llamamos experimentos conductuales, un ingrediente infaltable en la mayoría de los casos donde se aplica Terapia Cognitiva. ¿Qué duda cabe que ellos son un procedimiento conductual integrado a los cognitivos? Esto no nos sorprende, al fin y al cabo, ¿cómo podríamos imaginar una discusión cognitiva basada en evidencias de la vida cotidiana del paciente sin que estas evidencias sean producto de algún comportamiento que el paciente ejecuta?

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¿QUE ES LA TERAPIA DE ACTIVACIÓN CONDUCTUAL?

La Activación Conductual (AC) es una nueva terapia para la depresión desarrollada sobre bases contextuales y funcionales. La AC sostiene que el contexto explica más eficientemente la depresión y es también el lugar más adecuado para llevar a cabo una terapia eficaz que los supuestos factores internos, ya fueran neurológicos (típicamente ‘desequilibrios químicos’) o psicológicos (por ejemplo, ‘esquemas cognitivos’). Asimismo, la AC sostiene que las conductas que caracterizan a las personas deprimidas juegan un papel significativo en la depresión, y no son meramente síntomas de un cuadro.

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En este sentido, un aspecto básico de la AC es la consideración acerca de que buena parte de la conducta de las personas deprimidas viene a funcionar en realidad como evitación conductual de importantes ámbitos de la vida, aunque siempre es obvio que las conductas de los clientes son conductas de evitación. (Pérez Álvarez, 2007). El cliente hace lo que siente natural. Únicamente cuando se analizan las consecuencias de la conducta se puede empezar a comprender su función, en este caso, la de evitación. No es tanto la forma como la función lo que realmente importa.

Concebida la depresión bajo esta perspectiva, la AC trata de reponer a la persona cara a la vida, poniéndola en contacto con las condiciones que pudieran reordenar el “disorder” o trastorno dado. Trata de ‘poner a funcionar’ o, como sugiere su propio nombre, ‘activar’ a la persona a pesar de estar (todavía) deprimida, como paso para dejar de estarlo.

Se puede decir que la AC es un procedimiento que enfatiza los intentos sistemáticos de incrementar conductas que hagan probable el contacto con las contingencias ambientales reforzantes y produzcan, a su vez, cambios en los pensamientos, el humor y la calidad de vida, se trata de ‘activar’ a la persona en la medida de sus posibilidades actuales y de acuerdo con sus intereses y valores (Pérez Álvarez, M; 2007).

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A este respecto, es fundamental el análisis funcional de la conducta, a partir del cual poner en juego las actividades que pudieran ser relevantes. Más importante que la aplicación de una serie de técnicas es la filosofía contextual y el criterio funcional de base. No se trata de cambiar primero los pensamientos y el humor para después actuar, por así decirlo, ‘estar bien’ para volver a hacer la vida, sino de rehacer la vida a pesar precisamente de ‘estar mal’ todavía (pesimista y triste). En este sentido, la AC incluye también la aceptación como principio y estrategia, en la línea de la Terapia de Aceptación y Compromiso, si bien aquí el objetivo es crear condiciones ambientales para estar bien. En todo caso, la AC combina la aceptación y el cambio a lo largo del tratamiento, por tanto la Activación Conductual supone un avance respecto a la Terapia cognitiva para la depresión tradicional y el tratamiento médico de la depresión, porque la Activación Conductual se ofrece igualmente como alternativa a la Terapia Cognitiva de la depresión. Por lo pronto, es más efectiva y lo es de una manera más parsimoniosa. Además, la AC proporciona un argumento muy potente, difícil de pasar por alto, a favor de la desmedicalización de la depresión.

 

La medicalización de la depresión está sostenida no sólo por la concepción psiquiátrica que no sabe hacer otra cosa que medicar sino también por terapias psicológicas, en particular, la Terapia Cognitiva, la cual supone alguna suerte de ‘mecanismo’ o ‘déficit cognitivo’ que se habría de intervenir mediante técnicas específicas. El caso es que el ‘déficit cognitivo’ y la ‘técnica cognitiva’ equivalen epistemológicamente a los ‘desequilibrios químicos’ y a la ‘medicación antidepresiva’, todo lo cual estaría como mínimo en entredicho de acuerdo con el estudio que se comenta. Por último, la AC viene a ser un ejemplo tanto o más importante que la Terapia de Aceptación y Compromiso de toda una nueva generación de Terapia de Conducta.